El Tesoro del Antiguo Jaén

   Cuenta la tradición, que Jaén fue una ciudad floreciente y rica, no obstante haber estado enclavada en la montaña y habitada por tribus muy bravas llamados “jíbaros” y “aguarunas”, que tenían fobia a los mestizos y colonos, los mismos que destruyeron a la antigua ciudad de Jaén de Bracamoros.

   Refieren que una noche, cuya fecha no se puede precisar, por encontrarse perdida en la lejanía del tiempo, pero que debe ser después de 1750, invadieron la ciudad los nativos, prendiéndole fuego y efectuando una espantosa masacre con los moradores de Jaén Viejo, ciudad compuesta por naturales y españoles. Los jíbaros se ensañaron con sus víctimas dando cruel muerte a casi toda la población, sus armas de destrucción fueron las terribles lanzas de pona, teas incendiarias originarias de la selva.

   Reducida la ciudad a escombros, los poquísimos sobrevivientes se alejaron del teatro de tan terrible tragedia, viviendo una vida errante sin abrigo ni recursos. Al cabo de algunas semanas, cuando calcularon que los invasores habían vuelto a la jungla, tornaron los sobrevivientes, entre los que se hace figurar a una familia española de apellido Tafur, urgidos por la necesidad de procurarse algunos manjares domésticos y no encontraron un sólo ser viviente en la que otrora fuera ciudad próspera y floreciente. Recogidos los enseres que pudieron serles útiles y partes de alhajas de oro y plata que pudieron llevar consigo, escondieron en las faldas del cerro “Moral”, el tesoro de las iglesias, consistente en imágenes de oro macizo, candelabros de plata y alhajas que pertenecieron a los desgraciados que perecieron en manos de los grupos selváticos, constituyendo un tesoro cuantioso que aún permanece escondido.

Recopilación: Segundo Sergio Rodríguez Revoredo

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